Lynne Sladky / AP

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Desde Nueva York hasta Utah, la educación bilingüe ha crecido continuamente dentro de las escuelas en los EE.UU. Los programas de inmersión de lenguaje dual aparecieron en los EE.UU. durante la década de los 60s para servir a estudiantes hispanohablantes en el estado de la Florida. Desde entonces, la demanda—y la controversia—alrededor de estos programas ha sido extensa, y ahora abordan las necesidades de más de 5 millones de estudiantes en el sistema de educación público que están adquiriendo el inglés.

Teresa Chávez ha sido una maestra por casi veinte años, y actualmente es la maestra principal del programa de Inmersión de Lenguaje Dual en Little Canada Elementary en Minneapolis, Minnesota. Hablé con Chávez sobre la implementación del programa y cómo la educación bilingüe facilita conexiones fuera de los confines de un salón de clases. A continuación podrá encontrar una transcripción ligeramente editada de nuestra conversación.

Valeria Pelet: ¿Cómo empezaste a enseñar?

Teresa Chávez: Mi primera pasión era la poesía. Cuando estaba en la universidad, también estuve trabajando como maestra, pero como voluntaria. Luego, como estaba tratando de mejorar mi español y también estaba muy aferrada a la idea de estudiar letras, decidí mudarme a Costa Rica. En ese instante, empecé la enseñanza y luego enseñé en Lima, en Perú, y luego en Minneapolis. Fue un proceso un poquito largo de descubrir de que me gustaba el campo de la educación y la enseñanza.

Pelet: ¿Por qué usted cree que la educación bilingüe es importante?

Chávez: Creo que es importante porque el mundo es, cada día, más pequeño. También es importante no solo porque estamos más conectados que antes, pero porque hay muchos sitios en el mundo donde la gente tiene la necesidad de hablar dos idiomas, como mínimo. Creo que es bonito aprender a expresarse en más de un idioma, de poder viajar, trabajar, tener amigos … Creo que es muy importante para los niños también, por ejemplo, en Estados Unidos, porque muchas familias que hablan inglés en casa no han pensado en la importancia [de poder hablar español]. Los que hablan español en casa a veces quieren hablar su idioma de casa [en el salón de clase], su primer idioma, y es muy triste [cuando eso no se da].

Pelet: ¿Por qué empezó a darse la educación bilingüe en Minneapolis?

Chávez: Ya está creciendo la cantidad de diferentes programas bilingües y programas de inmersión. Hay una población hispanohablante que mayormente tiene al inglés como su segundo idioma. Estábamos pensando en igualdad y lo que sería más justo. [El programa] se hizo para que los niños no perdieran su idioma de casa y que aprendieran a leer y a comunicarse en español y que se sintieran bien u orgullosos de su cultura. Además, lo comenzamos también para los niños que hablan inglés en casa. Hay más familias que están interesadas en esto y le están pidiendo a las escuelas que tengan más programas así.

Pelet: ¿Cuál es el aspecto más difícil de la enseñanza?

Chávez: Creo que nuestros exámenes estatales son muy difíciles porque toman mucho tiempo. Inglés como segundo idioma toma mucho tiempo también. Estos niños tienen que tomar los exámenes normales del estado y es tiempo en donde no están recibiendo instrucción. Estos exámenes son penosos porque afectan cómo se manejan los recursos y cómo se maneja el tiempo cuando los niños deben estar recibiendo más enseñanza en lugar de estar tomando exámenes.

Pelet: Describe un día normal para ti.

Chávez: Tengo mucha variedad porque casi no hay ningún día que se vea igual que el otro. Hoy día, por ejemplo, en la mañana me reuní con maestros de otra escuela que están tratando de mejorar su programa de pedagogía. Ahorita mismo, antes de que me llamaras, le estaba escribiendo emails a ciertas maestras, le estaba mandando emails a familias sobre cuáles niños quieren entrar al programa … En mi trabajo, hasta así de diario, tengo que establecer mis prioridades bien. A veces estoy haciendo “coaching” con maestras, así entrenando, a veces estoy con niños, con familias … Siempre tengo que pensar: “Ok, ¿cuál es mi enfoque? ¿Qué viene al otro día?” Cosas así. Ser un poco flexible, pero a la vez tener muy claro qué uno puede hacer por el bien de los niños. Mi trabajo es bien diverso, bien amplio, pero creo que, más que todo, es sobre tratar de determinar lo que necesitamos en términos de recursos mientras estamos formando este programa. Los días que estoy enseñando, mantengo como meta a la enseñanza de los niños.

Pelet: ¿Tienes que manejar a los estudiantes que ya son bilingües de una manera diferente de aquellos que no lo son?

Chávez: Tengo que estar consciente de esta pedagogía. Estoy consciente de que cuando están comenzando, quizás tendré que repetir o dar otra palabra, hacer más con cosas visuales, o saber que, de repente, van a haber choques culturales. Yo tengo expectaciones altas, pero, a la vez, es importante tener en mente que este grupo de niños es más amplio y más diverso. También depende quiénes son sus maestras. Hay maestras que quieren sus clases más silenciosas, hay otras que no les importa si uno interrumpe un poquito, hay unas que se ponen más dinámica en la misma clase y hay otras que quizás quieren enseñar de otra manera. Si un grupo se comporta de una manera en particular, tiene que ver más con la cultura de salón de clase que promueve una maestra.

Pelet: ¿Cómo a ti, como maestra, te toca balancear a todos estos estudiantes, que vienen hablando español de México o Ecuador, o los niños que vienen aprendiendo español en los EE.UU.?

Chávez: Tiene que ver mucho con los libros que estamos usando. Usamos los libros de enseñanza y tenemos nuestros estándares en términos de lo que enseñamos, pero cuando estamos hablando de un cierto vocabulario o cosas idiomáticas, hay veces cuando una palabra—“aguacate” por ejemplo, es “aguacate” en ciertos países, mientras que en otros es “palta”—entonces depende de la maestra. Yo no puedo manejar las traducciones al vernáculo tanto porque yo le enseño inglés a otros ninos que son más grandes y también apoyo o coordino ciertas cosas en este programa. Depende del nivel del español de las maestras. Algunas sí son muy conscientes de las diferencias entre palabras como “plátano” y “banano”, etc. No tenemos un documento formal para decir: “En este país se dice así.”

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